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THE LATIN VOX (28 de enero del 2025).- Por Francisco Javier Valdiviezo Cruz
La relación comercial entre Canadá y Estados Unidos, que ya ha sido objeto de tensiones en el pasado, se encuentra nuevamente en el ojo del huracán. Chrystia Freeland, candidata a líder del Partido Liberal de Canadá, ha propuesto un audaz plan para enfrentarse a la administración de Donald Trump, que podría tener implicaciones económicas significativas para ambos países.
En su propuesta, Freeland sugiere imponer aranceles de represalia sobre productos estadounidenses por un valor de hasta 200 mil millones de dólares si Trump decide aplicar aranceles punitivos contra Canadá.
Freeland, quien desempeñó un papel crucial en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ha argumentado que Canadá debe adoptar una postura firme frente a las amenazas de Trump.
Según ella, es crucial preparar y hacer pública una lista detallada de productos estadounidenses que podrían estar sujetos a aranceles canadienses como una forma de «golpe preventivo». El objetivo es dejar claro al gobierno estadounidense que cualquier acción contra la economía canadiense tendrá consecuencias.
«Si Trump impone un arancel del 25%, nuestra respuesta debe ser proporcional, dólar por dólar, y debe estar dirigida donde más duela», afirmó Freeland en una conferencia de prensa. En este sentido, su estrategia no solo apunta a contrarrestar económicamente, sino también a enviar un mensaje claro: Canadá no está dispuesto a ceder ante la presión de Estados Unidos.
La propuesta de Freeland también incluye la convocatoria a una cumbre internacional con otros países que podrían verse afectados por las políticas proteccionistas de Trump. En este foro, Freeland sugiere la participación de líderes de México, Dinamarca, Panamá y la Unión Europea, que también han sido blanco de las amenazas de aranceles y otras medidas coercitivas de la administración Trump.
El desafío principal de Canadá radica en el hecho de que Trump ha utilizado repetidamente la amenaza de tarifas para presionar a países como México y la UE, a los que ha acusado de prácticas comerciales injustas. Freeland cree que Canadá, al igual que estos países, debe defender sus propios intereses con fuerza, especialmente frente a las políticas comerciales impredecibles de Trump.
La ministra de Asuntos Exteriores de Canadá, Mélanie Joly, ha sostenido que el gobierno canadiense sigue trabajando para evitar que Estados Unidos imponga nuevos aranceles mediante la diplomacia. Sin embargo, Joly también ha afirmado que, si los aranceles se implementan, Canadá está preparado para responder con medidas propias.
«Estamos listos desde el primer día», aseguró Joly. A pesar de su enfoque diplomático, la posibilidad de que Canadá publique una lista de productos estadounidenses susceptibles de recibir represalias arancelarias ha generado un debate interno en el gobierno.
Mientras algunos defienden la necesidad de ser firmes frente a las amenazas de Trump, otros creen que aún hay espacio para la diplomacia y que los hechos demostrarán que Canadá es un socio comercial importante para Estados Unidos.
Freeland no ha vacilado en posicionarse como una de las voces más firmes en este asunto. Para ella, un desafío directo a Trump no solo es necesario, sino también estratégico. Sugiere que un enfoque focalizado y dirigido, en lugar de una respuesta generalizada, es lo que tendrá el mayor impacto.
En su plan, menciona productos de los estados de Trump, como las naranjas de Florida, los productos lácteos de Wisconsin y los lavavajillas de Michigan, como posibles objetivos de aranceles canadienses.
Freeland también ha propuesto una medida drástica: suspender inmediatamente las compras de productos de empresas estadounidenses, excepto en casos de seguridad nacional. Esta medida, según ella, afectaría directamente a las empresas estadounidenses, incluidas aquellas con filiales en Canadá, y enviaría un mensaje claro de que las relaciones comerciales deben ser respetuosas y equitativas.
En paralelo, Mark Carney, exgobernador del Banco de Canadá y rival de Freeland en la carrera por la dirección del Partido Liberal, también ha expresado su apoyo a la imposición de aranceles de represalia contra Estados Unidos.
Carney, quien tiene una vasta experiencia en la gestión económica tanto en Canadá como en el Reino Unido, ha afirmado que las tarifas deben dirigirse de manera precisa y efectiva, con el objetivo de maximizar el impacto en las economías de los estados de Trump.
«Cada dólar recaudado por los aranceles canadienses debe utilizarse para apoyar a los trabajadores canadienses durante esta lucha», declaró Carney. Al igual que Freeland, Carney considera que la respuesta de Canadá debe ser tanto económica como simbólica, demostrando que el país no está dispuesto a ser intimidado por las políticas comerciales de Estados Unidos.
A medida que la situación evoluciona, la presión sobre Trudeau y su gobierno aumentará. Si bien el camino de la diplomacia sigue siendo una opción viable, las propuestas de Freeland reflejan un cambio hacia una postura más combativa, que podría definir el futuro de las relaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos. Con un liderazgo más firme, Canadá podría estar preparándose para una de sus batallas comerciales más complejas en la historia reciente.
Crédito fotográfico: The New York Times