
A tres años del inicio de la invasión rusa a Ucrania, la percepción de los ciudadanos rusos sobre el conflicto ha experimentado cambios notables. Mientras algunos continúan apoyando las acciones del Kremlin, otros muestran signos de fatiga y escepticismo respecto a la narrativa oficial. Este ambiente interno se ve influenciado por la figura del expresidente estadounidense Donald Trump, a quien muchos rusos consideran un «comodín» en la política internacional, especialmente en relación con la guerra en Ucrania.
Percepción de Donald Trump en Rusia
La relación entre Trump y el presidente ruso Vladímir Putin ha sido objeto de atención mediática y política desde hace años. Recientemente, medios rusos han celebrado la comunicación entre ambos líderes, interpretando sus interacciones como una señal de complicidad que podría beneficiar los intereses rusos en Ucrania. Alexander Dugin, un destacado ideólogo ruso, elogió la conversación telefónica entre Trump y Putin, considerándola un indicio de una alianza estratégica.
Sin embargo, la figura de Trump también genera incertidumbre. Su estilo impredecible y declaraciones contradictorias hacen que algunos rusos lo vean como una variable inestable en el escenario internacional. La posibilidad de que Trump regrese al poder en Estados Unidos añade una capa de complejidad, ya que podría alterar la dinámica actual del conflicto en Ucrania, bien sea mediante un acercamiento a Rusia o adoptando políticas más aislacionistas.
Opinión pública rusa sobre la guerra en Ucrania
La opinión pública en Rusia respecto a la guerra ha mostrado variaciones desde su inicio en 2022. Inicialmente, una parte significativa de la población respaldó la «operación militar especial», influenciada por la propaganda estatal y una visión nacionalista. No obstante, con el paso del tiempo y ante las sanciones internacionales, las bajas militares y el estancamiento en el frente, se ha evidenciado una creciente fatiga y cuestionamiento entre los ciudadanos.
Estudios indican que el apoyo a la guerra tiende a disminuir con el tiempo, especialmente a medida que aumentan las bajas militares. La experiencia estadounidense sugiere que el apoyo ruso a la guerra en Ucrania disminuirá, de forma bastante marcada en las primeras etapas, a medida que los partidarios reticentes se vayan retirando, y luego de forma más lenta, a medida que el resto se componga cada vez más de partidarios del núcleo duro.
Además, la represión interna ha aumentado, con tácticas punitivas dirigidas a disidentes políticos. Se han reportado casos de ciudadanos sometidos a tratamientos psiquiátricos obligatorios como método de coerción para silenciar opiniones contrarias al gobierno. Estas prácticas recuerdan métodos de la era soviética y han sido denunciadas por organizaciones de derechos humanos.
Influencia de la propaganda y desinformación
La maquinaria propagandística rusa ha intensificado sus esfuerzos para moldear la percepción pública sobre la guerra y la figura de Trump. Antes de reuniones clave, como la celebrada en Riad, los medios estatales han endurecido su retórica contra el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, llegando a pedir abiertamente su destitución o incluso su eliminación. Esta narrativa busca deslegitimar al liderazgo ucraniano y presentar a Rusia como una fuerza liberadora.
La propaganda también ha explotado la figura de Trump, presentándolo en ocasiones como un aliado potencial que podría facilitar la resolución del conflicto en términos favorables para Rusia. Programas de televisión estatales han mostrado imágenes de Putin y Trump juntos, sugiriendo una posible colaboración futura que podría redefinir el panorama geopolítico.
Conclusión
La percepción rusa sobre la invasión a Ucrania y la figura de Donald Trump es compleja y multifacética. Mientras algunos ciudadanos mantienen su apoyo al Kremlin, influenciados por la propaganda y sentimientos nacionalistas, otros muestran signos de descontento y escepticismo. La figura de Trump añade una dimensión adicional de incertidumbre, actuando como un «comodín» cuya influencia podría alterar significativamente la dinámica del conflicto en los próximos años.